Originalmente, este post iba a ser un cuento.. uno de esos cuentos.
En lugar de eso decidí contar mi historia. No es ni grave ni “increible”. Simplemente es mi historia.
El acoso sexual puede ocurrir a viarios niveles, no me considero una experta en el tema… sin embargo, lo he vivido… lo he sentido. Y es que es así, el acoso sexual es una situación diícil de probar si las persona acosadora no deja evidencias como emails, etc.
El acoso sexual existe en la medida en que una persona se niega a tener “algo” con otra personea, deja de ser acoso cuando hay una aceptación voluntaria por ambas partes.
Al principio fue un poco difícil ponerme a escribir sobre este tema, creo que decidí escribir porque hace pocos días le conté a mi mamá una de las situaciones que viví como “víctima”. Si se lo pude contar a ella, creo que puedo escribirlo en mi blog.
En mi primera experiencia laboral tuve la fortuna de contar con un jefe y un equipo de trabajo competamente dedicado a eso, al trabajo. Trabajaba en una empresa estadounidense donde no solamente las reglas están claras, sino también, existe una cultura organizacional que propicia la denuncia de este tipo y otro tipo de casos.
Ingenuamente pensé que todas las empresas serias contaban con mecanismos similares.
Algún tiempo después trabaje en otra institución, una un poco más… digamos machista. No, realmente era machista, las mujeres, a pesar de tener cargo de jefatura, un día se les ocurrió ponernos uniforme. Esta era apenas una de las grandes diferencias que existían en esa institución, éramos pocas las muejres en mandos medios y ninguna en el cuerpo gerencial. Era una institución grande que hoy en día ya no existe.
Un día, yo tenía reunión con uno de los “gerentes” para presentarle un proyecto de gran importancia (al menos para mi). Él, al “invitarme” a pasar a su oficina, me tomó el brazo de una manera extraña… sentí una fuerza extraña y a la vez horrible al tener ese contacto. Símplemente no sé de qué otra forma explicarlo. Insintivamente, retrocedí, golpeandome fuertemente la espalda contra el archivo que se encontraba al lado de la puerta. Al escuchar el ruido todo el mundo volteó a ver y creyeron que yo me había resvalado.
De ahí en adelante, jamás me sentí cómoda con él. Detestaba su mirada, su presencia. Me incomodaba tener que llamarlo por teléfono o recibir llamadas suyas. Por momentos pensé en comentarlo con mi jefe, nuestro jefe en común. Sin embargo, nunca lo hice pues era méramente una sensación que yo tenía. Creo, sobre todo, que mi falta de experiencia o de madurez laboral impidió que yo dijera algo.
En otra ocasión, comencé a llevarme bastante bien con otro de mis compañeros, compartíamos almuerzos, siempre en grupo etc. Debido a un proyecto, comenzamos a compartir largas horas laborales a pesar de que él tenía que desplazarse de edificio para llegar a mi oficina. A medida que nuestra “amistad” iba creciendo, el sintió la confiana de comenar a contarme algunas “intimidades” con su esposa… al principio nada muy alarmante, aunque me incomodaba, sí.
Yo le contestaba en broma diciéndole que eso era “demasiada información” o “puedo vivir sin saberlo”, a pesar de eso, yo notaba que cada vez su interés en contarme cosas crecía hasta que un día me harté y le dije que en serio no quería saber más del tema. Pensó que era broma y reaccionó así. Yo me mantuve seria y se ofendió! Por Dios! Luego comentó con todos que yo era muy “enojada” y yo había “querido algo con él y él se había negado”.
Otro compañero solía tirarme indirectas y yo no sabía cómo exactamente ponerle un alto. Y es que hay un punto en el que “corres el riesgo” de quedar tú como paranóica pues él no ha dado un paso concreto y puede llamarte “loca, yo no quiero nada contigo” (cosa que también me pasó). Finalmente decidí decirle “No sé si me estás tirando indirectas o no, pero en caso de que sí, te aclaro que no quiero nada contigo y que tengo novio y en caso de que no sea así, pues haz caso omiso a este mensaje”
Tuve otra experiencia y quizás la más enriquecedora desde el punto de vista de mi aprendizaje personal, y fue esta la que le conté a mi mamá. Estaba por realizar un proyecto muy importante y quería con todas mis ganas que me lo asignaran a mi. Se lo asignaron a otra persona pero le pidieron explícitamente que se apoyara en uno de nosotros. Me escogió a mí.
Durante la tercera o cuarta reuniones él intentó besarme. No puedo negar que exisitía cierta atracción, sin embargo, en el fondo yo sabía que aquello era un chantaje. Un vil chantaje. Al tener claro esto símplente le dije: “tú sabes que
este proyecto significa mucho para mi tanto a nivel personal como profesional, sin embargo, si vos pensas que vamos a tener algo pues será mejor que escoja a otra persona pues ese es un precio que no estoy dispuesta a pagar”
No puedo explicar lo poderosa que me sentí al pronunciar esas palabras. Ese es un precio que no estoy dispuesta a pagar.
Me ha costado mucho escribir estos episodios de mi vida pues no son recuerdos gratos. Sin embargo lo he hecho con la esperanza de que al menos alguna mujer (y quizas hasta un hombre) los lea y pueda decir también ” ese es un precio que no pagaré”.
Decide con anticipación que no tienes precio.

Te felicito E!, muy buena nota. Y muy valiente. Es bueno ponerlas así, porque a veces nuestra educación nos plantea paradigmas erróneos que llevamos al trabajo. En mi caso siempre he tenido una regla clara, no entablo relación alguna con la gente con la que trabajo y desde el primer día lo dejo claro para que no haya malos entendidos. Se que no todos hacen eso, conozco gente que practica el acoso como deporte solo para disfrutar de la “sensación de poder” del cargo que tienen. Es un tema cultura, y que eso cambie depende mucho de dos factores creo yo, el primero es cómo educamos a nuestros hijos y el segundo, es abrir los espacios para que las personas se empoderen sin importar el género o la opción sexual, solo sus méritos.
Un abrazo y felicitaciones nuevamente.
Hola ! Antes que nada, este blog me parece Genial !!!! me gusta el orden de cada cosa, la clasificación, el diseño pero lo que mas me ha llamado la atención es la sinceridad y simplicidad con la que cuenta sus experiencias que además me parecen muy enriquecedoras. La Felicito y siga adelante que aquí tendrá un lector más que ya le dió “Like”!!!
Amiga te felicito por la nota, que bueno que la compartas, y que la ira que sentías entonces te sirvió para poner el stop a esa situación con total dignidad. El ser bonita, inteligente y elocuente no es sinónimo de presa fácil, estoy súper orgullosa de ti.